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miércoles, 25 de mayo de 2011

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Una advertencia a todos los que piensan que Perujo y Corujo son hermanos: no lo son. Y aclaro, yo también lo pensé. Llevan una vida casi igual. Ambos jugadores de fútbol y laterales derechos y, aunque con diferencia de colores, los dos fueron referentes del equipo que los vio nacer.

Foto: www.ramplajuniors.com
El primero (Julián) hace un año atrás era el capitán y figura máxima de Rampla Juniors. Los hinchas picapiedras le pedían autógrafos, las jóvenes promesas añoraban sus consejos y los dirigentes del equipo de la villa consideraban sus opiniones. 

El segundo (Matías) es un poco mejor. Pero eso es inevitable. Entre hermanos siempre hay uno mejor que otro, más exitoso, más querido. Corujo consiguió algo que no todos los futbolistas han alcanzado en sus cortas carreras. Los hinchas de Wanderers le hicieron una bandera: “Corujo, ídolo y capitán”. Honor que solo el “Canario” García había recibido hasta entonces.

Foto: www.article.wn.com
Pero ese éxito del que disfrutaron durante años, ahora no existe. Luego de su pase a Nacional, Perujo no ha logrado continuidad. Los hinchas tricolores casi que no lo conocen. Que su nombre no aparezca más en los periódicos barriales del Cerro puede haber influido en los despistados que lo confunden con su “hermano” Matías. Corujo, por su parte, es pieza importante en Peñarol, pero su protagonismo está opacado por los Pacheco, los Rodríguez (sí, ambos), los Olivera, los Martinuccio y los “Urreta”. Si no fuera por su voluminoso peinado, “Chiche” sería uno más del montón. Que igual lo es.

Ambos supieron ser idolatrados por decenas de veteranos y algunos nietos (los que escaparon a la vulgaridad de ser de Nacional o Peñarol) que conforman el grueso de las parcialidades de Rampla y Wanderers. Hoy en día, muchos de esos veteranos y de esos nietos ya ni los recuerdan (unos por muy viejos, otros por muy pequeños).

A todos nos pasa en algún momento de nuestras vidas. Nos sentimos cómodos dentro de un determinado ambiente. Algunos deciden salir y triunfan, la mayoría no. A pesar de los aspectos negativos, es sano salir. Probarnos. Corujo y Perujo lo hicieron y dejaron de ser referentes. Pero ganan cuatro veces más plata que cuando lo eran. Saquen cuentas.

martes, 17 de mayo de 2011

LA PRIMERA HINCHADA

Foto: www.mundialensudafrica.com 

Me enteré que el “Gordo” Reyes fue el primer hincha del fútbol uruguayo. Encargado de reparar e inflar las pelotas con las que jugaba el Club Nacional de Football, el hombre firmaba siempre el presente en los partidos de los tricolores. A lo largo y a lo ancho del partido se dedicaba a alentar a su cuadro. Esto llamaba la atención de los visitantes que preguntaban quién era ese individuo. “Es el hincha pelotas de Nacional” contestaban. Me contaron que así surgió este término, hoy universal.

Luego de este primer hincha, surgieron los otros. Todos unidos por su pasión por el fútbol pero con características, cualidades y manías diferentes.

Es infaltable el veterano con la radio a todo volumen, una especie representativa de este hábitat. Estos señores fueron prácticamente criados por las viejas emisoras, y suelen coincidir con otra raza: la de los del termo y el mate. Aclaro que se los puede ver cruzados: radio, termo, mate. O por separado.

El que va con la bandera colgada en la espalda cual capa también es un fiel representante del hincha uruguayo. Aunque hoy en día, es una especie en extinción. ¿Por qué digo esto? Corren el peligro de que “no hinchas” del cuadro rival quieran robarle su estandarte luego de pegarle entre varios.

El tipo que va con la novia que no sabe absolutamente nada de fútbol es un prototipo recurrente. Si nos toca en una butaca cercana, escucharemos durante los 90 minutos una infinidad de preguntas tontas. Las novias no suelen tener filtro ni vergüenza para preguntar qué es el off side o de lanzar comentarios como “ese chiquito de medias largas me cae bien”. Totalmente innecesarios.

El padre de familia que lleva a sus hijitos también es un ejemplar distintivo de la platea. Los niños, demasiado chicos como para conservar la atención durante hora y media, corren de un lado para otro molestándote con la cornetita.

Todas estas especies de hinchas se localizan fácilmente en cualquier partido de fútbol. Sea de Nacional, sea de Peñarol. Es mentira eso de que sus hinchadas son distintas. Están compuestas por el mismo estilo de personas.

Explico brevemente: cada uno de nosotros tenemos un hincha espejo. En la vereda de enfrente seguramente vayamos a encontrar a alguien muy similar a nosotros. Físicamente, obvio. Pero también en cuanto a su manera de ser, de actuar. Probablemente con la misma pasión por su equipo que nosotros por el nuestro. Somos todos hinchas del fútbol uruguayo. En esencia, no hay colores que nos diferencien.

miércoles, 13 de abril de 2011

PROBLEMA BRAVO

Grupos de personas que utilizan la pasión que genera el deporte. La utilizan como excusa, se escudan detrás de ella. Para armar negocios, para ser violentos. Esas son las barras bravas.
Esta semana se hizo público que el Ministerio del Interior contactó a Pablo Alabarces (ex asesor del gobierno argentino) para que estudiara el modo de funcionamiento de las barras del fútbol uruguayo y formulara propuestas de seguridad.

El Ministerio comenzó mal. Argentina es el país que más dificultades tiene con estos grupos violentos. No solo no han solucionado, sino que ha empeorado. El objetivo no debe ser controlarlos o tranquilizarlos, sino erradicarlos.

Alabarces: autor de libros de referencia sobre el tema en Argentina. Escribe libros, es contratado por los gobiernos. El problema persiste.

¿Acaso alguien en su sano juicio termina con su fuente de trabajo?

Con las medidas de seguridad, vallados, pulmones y muchos policías no se termina el problema.


Foto: espndeportes.espn.go.com
En el caso de Peñarol y Nacional, sus barras son fáciles de localizar. Salen siempre de la sede de sus clubes. Entre semana se los puede ver rondando por ese lugar, o visitando los entrenamientos. Reciben entradas, pero no solo para ellos. Tienen entradas para revender, así como camisetas oficiales de los jugadores.


La policía sabe quiénes son, dónde están y cómo se manejan. Lo sé yo, y lo sabe cualquiera medianamente empapado con el mundo del fútbol.

Me pregunto qué sabe un argentino que no sepamos nosotros. Cuáles son las razones por las que este señor solucionaría un problema que ni siquiera ha podido controlar en su propio país. No encuentro respuestas.

El gobierno dio un paso atrás en la lucha contra las barras bravas. No se intenta más erradicarlos. Ya aceptaron que son un mal instalado y buscan controlarlo. Estamos igual que Argentina diez años atrás. Estamos ante un problema bravo.

viernes, 1 de abril de 2011

GANAR ACÁ NO ES SUFICIENTE PARA GANAR ALLÁ

Los hinchas de Nacional y Peñarol están contentos y esperanzados. La semana pasada, los aurinegros le metieron cuatro goles al meritorio equipo de El Tanque Sisley; ayer a la noche, Nacional también le ganó por goleada al meritorio El Tanque Sisley. Los hinchas de Nacional y Peñarol tienen esperanza de que sus equipos triunfen en la Copa Libertadores; le quedan a ambos dos partidos de local y están obligados a ganarlos. ¿Pero la esperanza del hincha está basada en algo más que la pasión?

No. Los jugadores de El Tanque llegaron al Parque Central en sus autos particulares; sin haber entrenado los dos días previos al partido a modo de protesta por salarios impagos. ¿Son estos equipos la vara adecuada para medir el nivel de juego de los “grandes” uruguayos?

No. Pasemos a los hechos: Peñarol salió tres veces del país para jugar por la Copa; en dos de tres partidos se vino con la canasta llena. Nacional pasó vergüenza en México contra el América y no hizo valer la localía al perder en el Parque contra Argentinos Juniors.

Fuente: historiayfutbol.obolog.com
Nacional campeón de América con Marcelo Gallardo como figura principal no me cierra. Tampoco imagino a Peñarol levantando la Copa Libertadores con Antonio Pacheco como capitán y figura. Y está fuera de duda la trayectoria que ambos jugadores tuvieron. Y allí mismo está el punto de inflexión: tuvieron. Siguen marcando diferencia a nivel local -contra El Tanque y compañía- pero no a nivel internacional. Allá trabajan diferente: los buenos equipos cuentan con jugadores de calidad y en plenitud. Acá se conforman con la calidad y se olvidan de la vigencia y de la fortaleza física, vitales a la hora de conseguir logros importantes.


Fuente: lavozdenacional.com
En 1989 Nacional conseguía lo que, hasta ahora, iba a ser su última victoria a nivel internacional; los tricolores levantaban en el Centenario la Copa Interamericana, en un ciclo en el cual también ganaron la Libertadores y la Intercontinental un año atrás. La épica victoria de Peñarol en 1987 en Santiago de Chile, donde los carboneros consiguieron su quinta Copa Libertadores también iba a ser la última sonrisa de los mirasoles. Decía Nacional y decía Ostolaza, Hugo de León, Daniel Fonseca. Decía Peñarol y los nombres Obdulio Trasante, Perdomo, Diego Aguirre aparecían en mi mente ganando cosas importantes. Todos jugadores de trayectoria distinguida, todos en su auge futbolístico. Todos listos para ganar.

Hasta no dar un salto de calidad, no volveremos a ver a un equipo uruguayo en lo más alto del contexto internacional. ¿Cómo traer jugadores de calidad y con vigencia? No lo sé. Si sé que para ganar eso es lo mínimo que se necesita. Los dirigentes de Peñarol y Nacional están obligados a encontrarle la vuelta a este problema. Están obligados a darse cuenta que ganar acá no es suficiente para ganar allá.